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Hambre ¿Real o emocional?


¿Es un hueco en el estómago que poco a poco empieza a ser incómodo? o una vocecita que te dice al oído “Oye… ¿Y si nos comemos algo dulce?


Desde ahí vamos a partir, desde reconocer que existen 2 tipos de hambre, así como me lees, DOS.

El hambre real y el hambre emocional o hedónica.


El hambre real existe y se manifiesta para satisfacer nuestras necesidades energéticas y nutrimentales.

El hambre emocional surge ante emociones como la tristeza, el enojo, la ansiedad o el miedo entre muchas otras. Secretamos sustancias que generan alteraciones de funcionamiento en el organismo y nos invaden con un requerimiento específico (generalmente azúcar) que va en busca de anestesiar esa emoción con un “shoot” de endorfinas y serotonina, para “sentirnos felices”.

La mala noticia es, que es una solución momentánea, el malestar emocional regresa y muchas veces acompañado por la culpa de habernos permitido comer ese alimento que no es beneficioso para nosotros.


Nuestra relación con la comida se forma durante nuestros primeros 5 años de vida.

Seguramente has visto algún bebé que llora, la gran mayoría de las personas reacciona ante esto ofreciendo, en primera instancia, comida y es ahí, donde grabamos la primera respuesta condicionada, ante una emoción que puede ser enojo, tristeza, aburrimiento, la comida se vuelve nuestro refugio, un placer inmediato, la solución a todas las emociones que muchas veces ni siquiera identifico.


Sigamos con los recuerdos de la infancia...

“Si te portas bien, te compro un helado”
“No estés triste, vamos por un pastel”

Sea cual sea la historia, algo dulce o es una recompensa o es un anestesiante.


Con la llegada de los años empezamos a lidiar con el estrés (la escuela, el trabajo, la vida). Ante el enojo, comemos, ante la ansiedad comemos, ante la espera interminable comemos. Lo que no sabemos es que nuestro cerebro aún tiene respuestas ancestrales y traduce el estrés como una situación de peligro y genera la misma reacción sin importar que fisiológicamente no sea de vida o muerte. Libera una mayor cantidad de glucosa en sangre como ayuda a tu “supervivencia” (hacia piernas, extremidades y cerebro), pone en segundo plano el proceso digestivo. Nos deja listos para huir o pelear.


…Y nosotros seguimos comiendo sin saber de ese exceso de glucosa en sangre, de la metabolización deficiente y ni de la absorción de nutrientes insuficiente.


Ya caímos en cuenta que sí, tenemos dos tipos de hambre y si, hemos nacido y crecido en un ambiente que nos enseñó que así son las cosas, la comida sacia y nutre, pero también ha funcionado como recompensa y anestesiante.


Ahora, uniendo esta información con el conocimiento de que la comida es para utilizarse como energía y lo que no se usa se almacena. Haciéndonos conscientes de que los excesos nos enferman, ¿Qué sigue?


-Diferenciar el hambre física de la emocional-

El Hambre Real no pide un alimento o sabor específico, aparece de forma gradual, no hay urgencia por comer y una vez satisfecha el hambre, dejas de comer.

El Hambre Emocional si busca un alimento específico, un sabor o marca especial, es repentino y con urgencia y no para aun sintiendo saciedad.


Empieza a comer con la cabeza. Construye nuevas formas de relacionarte contigo mismo para sanar la manera en la que comes.


  • Minimiza el impacto. Anticípate con snacks saludables, no azucarados.

  • Analiza a manera de diario (Que alimento, que emociones y en qué horarios).

  • Hidrátate (Agua, té, electrolitos) algunas veces es suficiente con esta simple acción.

  • Busca soluciones alternativas para calmar esa emoción. Ten actitudes positivas y realiza actividades que te gusten o te relajen. (Camina, cocina, pinta, visita o habla con amigos, familiares y/o profesionales que hagan la experiencia más llevadera).

  • Haz deporte (Genera endorfinas, reduce la ansiedad, aumenta la autoestima).


Un hábito lleva su tiempo, roma no se hizo en un día, si decides, de manera consciente darte ese gusto o antojo, disfrútalo, también de manera consciente, sin culpas y sin regañarte.


Ya ubicaste la emoción, ya sabes lo que pasa dentro de tu cuerpo. Cada vez lo harás mejor.


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